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Los Materialismos y los Críticos

martes, 26 de mayo de 2009




Nuestra forma de hacer academia crítica, lejos está de ser una simple negación panfletaria de ciertas condiciones sociales que moralmente rechazamos, lo que debemos desplegar es una completa lucha en contra de la metafísica que vuelve naturales resultados históricos. Comprender las propuestas teóricas como producto del movimiento real, y no como conocimientos abstractos verdaderos en sí, como un alcance de la verdad, un llegar a lo sustancial, en contraposición a una falsa forma de interpretación social, nos lleva a considerar su "verdad” práctica, lo que dan como resultado, a quién sirve y en qué sirve. La cuestión es, superando la verdad y la falsedad teórica, considerar el porqué de la existencia de semejante propuesta académica, y que se hace con ella: el porqué del planteamiento de un autor, qué lo ha hecho llegar a dicha concepción, y cuál es su aplicación, qué se hace con el engendro plasmado en sus libros. La verdad, no como una cuestión teórica, sino como una cuestión de práctica: esa es la cuestión. Y finalmente, ver los intereses que mueven la sangre de un planteamiento teórico vivo, no estático ni revelado por parte del científico, cual profeta, y de ningún modo un descubrimiento sustancial de esa realidad material que observamos a distancia. Lo importante será, en este caso, considerar por qué ciertos materialismos en la antropología y arqueología llegan a ciertas propuestas teóricas y metodológicas, y qué significa en la realidad, en la práctica de los equipos científicos, ver a quién sirven. La palabra desenmascarar es diplomáticamente correcta.
En cuanto a nosotros, los críticos, debemos saber de nuestros padres e hijos, de nuestros orígenes y resultados, debemos ser capaces de aplicar la crítica a nuestras propias mascaras ideológicas. A quién respondemos, a quién servimos, de qué tradición nos hemos nutrido.
Esto no nos lleva a negar la existencia de un discurso científico y de una tecnología, de conocimientos sobre aspectos de la realidad -nuestra realidad socialmente construida- y formas de utilizarlos, ni tampoco nos lleva a quitarle importancia ¡Qué más importante que saber cómo conseguir nuestros fines! Porque, indudablemente, debemos desarrollar medios, ya que, de la misma forma que el conocimiento no cae del cielo, nuestros problemas no estarán resueltos al despertar de un acogedor sueño.
El antropólogo norteamericano Marvin Harris, uno de los varios materialistas, recitó acalorado: "Si lo que importa es cambiar el mundo, y no interpretarlo, el sociólogo marxista no deberá vacilar en falsificar los datos para hacerlos más útiles [...] Parece entonces que el filósofo marxista ha de gozar del permiso de alterar sus datos del modo que más útiles resulte para ayudar a cambiar el mundo, sin más limitaciones que las que en tiempos de guerra se suelen imponer a la propaganda".
Es interesante ver como Marvin Harris hace de la posición política una cuestión teórica, y no la teoría una cuestión de práctica, o sea, de política. El sociólogo francés Pierre Bourdieu planteó que la relación entre el científico y su objeto de estudio nunca es de puro conocimiento. El adversario norteamericano de Marvin Harris, el antropólgo Franz Boas, vio a la ciencia como una herramienta al servicio de la humanidad ¿Pero existe sólo una humanidad? ¿Existe una única cultura? ¿Qué son las clases sociales, las etnias, las diferencias en la opción sexual? Platón, sin mucha necesidad de la ciencia moderna proclamó: "Ahora considera este vicio, el más grave de todos [...] La libertad que se deja cada uno para vender sus bienes o adquirir ajenos. En las oligarquías no se piensa en impedir este desorden. Si así fuera, no tendrían los unos riquezas excesivas y los otros verse reducidos a la miseria...", finalizando el método de la mayéutica con que se “forman dos polís, y en pugna, una de ricos y otra de pobres”. ¿Existe un puro servicio a una pura humanidad? En fin, la realidad está en permanente cambio, y tanto una postura conservadora como una revolucionaria, de una u otra manera, desembocan en buscar enfrentar la realidad que fluye al servicio de ciertos intereses. Cuando Karl Marx recitó "de lo que se trata es cambiar el mundo", un planteamiento cargado de posibilidades, de intereses y orientaciones, nunca dijo que para cambiar el mundo fuera necesario cambiar algunos datos de algún simplón estudio; por lo demás, no creo que publicar un trabajo mal hecho desde la antropología pueda moverle mucho el suelo a la sociedad. Podríamos acotar el tema con un hecho que Vladimir Lenin expresa con síntesis y claridad: “En una sociedad erigida sobre la lucha de clases no puede haber una ciencia social imparcial”.
Finalmente: ¿Es que no necesitamos de la mejor herramienta administrativa para organizar y conseguir nuestros fines? ¿Es que no necesitamos del conocimiento más avanzado en el arte de
la guerra para cambiar las correlaciones de poder? ¿Es que no necesitamos de los más profundos conocimientos sobre la humanidad, construida por la humanidad misma, para erigir una sociedad basadaza en sus propias condiciones en su conjunto? ¿Es que no es el conocimiento de la historia, de la posibilidad de cambio, de la enajenación de nuestro trabajo lo que nos impulsa valientemente?
En esta línea se reproduce un fragmento de Cuadernos de la Carcel de Gramsci, como herramienta para el Curso de Materialismo Cultural en la Antropología Social, dictado por el antropólogo Andrés Aedo, en la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Chile.



David Álvarez




30- La "materia". ¿Qué entiende por "materia" el Ensayo popular?* En un ensayo popular, con mayor razón que en un libro para doctos, y especialmente en éste que pretende ser el primer trabajo del género, es preciso definir con exactitud, no sólo los conceptos fundamentales, sino toda la terminología, para evitar las causas de error ocasionadas por las acepciones populares y vulgares de las palabras científicas. Es evidente que para la filosofía de la praxis la "materia" no debe ser entendida con el significado que resulta de las ciencias naturales (física, química, mecánica, etc., y estos significados han de ser registrados y estudiados en su desarrollo histórico), ni en los resultados que derivan de las diversas metafísicas materialistas. Se consideran las diversas propiedades (químicas, mecánicas, etc.) de la materia, que en su conjunto constituyen la materia misma (a menos que se recaiga en una concepción como la del noúmeno [objeto del conocimiento racional] kantiano), pero sólo en cuanto devienen "elemento económico" productivo. La materia, por lo tanto, no debe ser considerada en sí, sino como social e históricamente organizada por la producción, y la ciencia natural, por lo tanto, como siendo esencialmente una categoría histórica, una relación humana. ¿El conjunto de las propiedades de cada tipo de material ha sido siempre el mismo? La historia de las ciencias técnicas demuestra que no. ¿Durante cuánto tiempo no se prestó atención a la fuerza mecánica del vapor? ¿Y puede decirse que tal fuerza mecánica existía antes de ser utilizada por las máquinas humanas? Entonces, ¿en qué sentido y hasta qué punto es verdad que la naturaleza no da lugar a descubrimientos e invenciones de fuerzas preexistentes, de cualidades preexistentes de la materia, sino sólo a "creaciones" estrechamente vinculadas a los intereses de la sociedad, al desarrollo y a las ulteriores necesidades de desarrollo de las fuerzas productivas? Y el concepto idealista de que la naturaleza no es sino la categoría económica, ¿no podría, depurado de las superestructuras especulativas, ser reducido a términos de la filosofía de la praxis y demostrado como históricamente ligado a ésta y como desarrollo de la misma? En realidad, la filosofía de la praxis no estudia una máquina para conocer y establecer la estructura atómica del material, las propiedades físicoquímico-mecánicas de sus componentes naturales (objeto de estudio de las ciencias exactas y de la tecnología), sino en cuanto, es un momento de las fuerzas materiales de producción, en cuanto es objeto de determinadas fuerzas sociales, en cuanto expresa una relación social, y ésta corresponde a un determinado período histórico. El conjunto de las fuerzas materiales de producción es el elemento menos variable del desarrollo histórico; siempre puede ser verificado y medido con exactitud matemática y puede dar lugar, por lo tanto, a observaciones y criterios de carácter experimental y, por ende, a la reconstrucción de un robusto esqueleto del devenir histórico. La variabilidad del conjunto de las fuerzas materiales de producción es también mensurable, y se puede establecer con cierta precisión cuándo su desarrollo se convierte de cuantitativo en cualitativo. El conjunto de las fuerzas materiales de producción es simultáneamente una cristalización de toda la historia pasada y la base de la historia presente y futura, un documento y al mismo tiempo una fuerza activa actual de propulsión.
Pero el concepto de actividad de estas fuerzas no puede ser confundido ni tampoco comparado con la actividad en el sentido físico o metafísico. La electricidad es históricamente activa, pero no como mera fuerza natural (como descarga eléctrica que provoca incendios, por ejemplo), sino como elemento de producción dominado por el hombre e incorporado al conjunto de las fuerzas materiales de producción, objeto de propiedad privada. Como fuerza natural abstracta, la electricidad existía aun antes de su reducción a fuerza productiva, pero no operaba en la historia, era un tema de hipótesis para la historia natural (y antes era la "nada" histórica, porque nadie se ocupaba de ella y, por el contrario, todos la ignoraban).
Estas observaciones sirven para hacer comprender, cómo el elemento causal asumido por las ciencias naturales para explicar la historia humana es un puro arbitrio, cuando no un retorno a viejas interpretaciones ideológicas. Por ejemplo, el Ensayo afirma que la nueva teoría atómica destruye el individualismo (las robinsonadas). Pero ¿qué significa esto? ¿Qué significa esta aproximación de la política a las teorías científicas, sino que la historia es movida por estas teorías científicas, es decir, por las ideologías, de donde, por querer ser ultramaterialistas se cae en una forma barroca de idealismo abstracto? Tampoco se puede responder que no fue la teoría atómica la que destruyó al individualismo, sino la realidad material que la teoría describe y comprueba, sin caer en las más complicadas contradicciones, puesto que a esta realidad natural se la supone precedente a la teoría y, por lo tanto, actuante cuando el individualismo se hallaba en auge. Entonces, ¿cómo no operaba la realidad "atómica" siempre, si es y era ley natural? ¿O para actuar debía esperar a que los hombres construyesen una teoría? ¿Los hombres obedecen, entonces, solamente a las leyes que conocen, como si fuesen leyes emanadas de los parlamentos? ¿Y quién podría hacerles observar las leyes que ignoran, de acuerdo con el principio de la legislación moderna según la cual la ignorancia de la ley no puede ser invocada por el reo? (Tampoco puede decirse que las leyes de una determinada ciencia natural son idénticas a las leyes de la historia, o que siendo el conjunto de las ideas científicas una unidad homogénea pueda reducirse una ciencia a la otra. Porque en este caso, ¿debido a qué privilegio este elemento determinado de la física y no otro cualquiera puede ser reductible a la unidad de la concepción del mundo?). En realidad, éste es sólo uno de los tantos elementos del Ensayo popular que demuestran la superficial comprensión de la filosofía de la praxis, y que no se ha sabido dar a esta concepción del mundo su autonomía científica y la posición que le corresponde ante las ciencias naturales y, lo que es peor, ante el vago concepto de ciencia en general, propio de concepciones vulgares en el pueblo (en el cual incluso los juegos malabares son ciencia.). ¿La teoría atómica moderna es una teoría "definitiva" establecida de una vez para siempre? ¿Quién, o qué hombre de ciencia, osaría afirmarlo? ¿Y no ocurre, en cambio, que también ella es simplemente una hipótesis científica que podrá ser superada, es decir, absorbida por una teoría más vasta y abarcadora? ¿Por qué, entonces, la referencia a esta teoría habría de ser definitiva y poner fin al individualismo y a las robinsonadas? (Aparte existe el hecho de que las robinsonadas pueden algunas veces ser esquemas prácticos construidos para indicar una tendencia o para una demostración mediante el absurdo; también el autor de la economía crítica ha recurrido a las robinsonadas). Pero hay otros problemas: si la teoría atómica fuese lo que, el Ensayo pretende, dado que la historia de la humanidad es una serie de revoluciones y las formas de la sociedad han sido numerosas, en tanto que la teoría atómica sería el reflejo de una realidad natural siempre similar, ¿cómo es que la sociedad no ha obedecido siempre a esta ley? ¿O se pretenderá que el paso del régimen corporativo medieval al individualismo económico ha sido anticientífico, un error de la historia y de la naturaleza? Según la teoría de la praxis, resulta evidente que no es la teoría atómica la que explica la historia humana, sino a la inversa, que la teoría atómica, como todas las hipótesis y las opiniones científicas, es una superestructura. La teoría atómica serviría para explicar al hombre biológico como agregado de cuerpos diversos y para explicar la sociedad de los hombres. ¡Qué teoría comprensiva!


Cfr. Cuaderno 4 (XIII)


* La teoría del materialismo histórico - Manual popular de sociología marxista, N. Bujarin, Moscú, 1921

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